mercoledì 10 giugno 2009

Palabras de Arena [di Efraim Medina Reyes]

Lo que amo en la mujer es la posibilidad de descubrir nuevos matices de la realidad a través de su percepción. Es obvio que amo sus cuerpos y sus delicadas voces, pero no tengo una idea fija de sus cuerpos, no pienso que deben ser de una forma, no creo en un modelo de cuerpo femenino. Prefiero ir lentamente y aprender cada nueva forma y saber que cada cuerpo de mujer, no importa su forma, es bello porque dentro hay una mente que arde y sueña. Sentir que al contacto de mis manos las formas se iluminan y mis sentidos se adaptan hasta sentirme arte y parte. Perdí a mi padre en la infancia así que crecí entre una multitud de mujeres. Las amigas de mi madre solían reunirse al atardecer en nuestra casa y también había tías, primas, mi hermana y sus amigas. Mujeres de todas las edades y tamaños, de todos los colores y sabores... Mujeres que hablaban con desparpajo y se desplazaban por los rincones de mi mente creando un mundo de ansia erótica. Las amé antes de tener conciencia exacta de la sexualidad y el amor, me producía una increíble felicidad verlas, soñaba con todas. En la parte más intensa del verano ellas se tumbaban en la terraza y yo recorría sus formas hasta aprenderlas de memoria. Esas mujeres no seguían ninguna dieta, no iban al gimnasio, no estaban obsesionadas con tener las tetas enormes y el abdomen plano. Ellas eran así y punto, estaban llenas de sí mismas, no pretendían ser algo que no eran. Desde siempre me gustan las mujeres que están en paz con su propia naturaleza. Provocar significa tocar fibras que se intuyen, significa interesarse, significa amar. Nada es más excitante que la visión de una mujer que no teme a su propio cuerpo, que no lo inhibe o condena, que no lo mutila, que lo deja expresarse. La libertad del cuerpo hace más aguda y libre la mente. La belleza es el asombro de algo que no imaginamos, de algo que en apariencia no parece bello y que luego nos deslumbra.